El barril de amontillado
Podría calificarse como uno de los relatos más crueles del escritor.
En el relato, la venganza es llevada al mayor grado, y es ejecutada con total frialdad. El protagonista comete sin ningún miramiento su crimen, justificándose en las ofensas que la víctima le profiriera.
El relato narrado en primera persona por Montresor, comienza con la exposición de los sucesos que lo decidieron a emprender la venganza. El narrador se dirige a los lectores en plural, introduciéndolos en el relato, tal vez de allí provenga la sensación inquietante que nos deja.
En el desarrollo del relato, Montresor se manifiesta como un individuo calculador, frío y meticuloso, que carece completamente de sentimientos de culpabilidad por su accionar. Por el contrario, decide explotar la debilidad de su adversario por los vinos, y estructura su venganza en torno a ella.
Si bien planea durante mucho tiempo la venganza, la oportunidad le llega durante el carnaval (el relato se desarrolla en Italia, donde es muy importante esta celebración), se produce un encuentro callejero con Fortunato (la víctima), que está bebido y disfrazado de bufón, lo cual representa una garantía de que nadie sabrá que estuvo en su compañía. Tiende su trampa, empleando el pretexto de consultar con un competidor de Fortunato, que se dice más conocedor de vinos que éste. Queda así tendida la red para atrapar al ingenuo.
Montresor había previsto el éxito de su empresa, y le había dado libre a los criados, con lo que se aseguró la ausencia de testigos posibles.
Se adentran en las cavas de la familia, un lugar ideal para cometer un crimen, y cuya humedad contribuye a menoscabar la salud de Fortunato, que se encuentra engripado. Montresor ayuda a sus planes con una botella de Medoc, so pretexto de ayudarlo con su tos, pero que en realidad encubre sus intenciones de embriagarlo completamente, para facilitar su tarea.
Continúan adentrándose en la inmensa catacumba, hasta un nicho donde lo encadena y empareda sin apiadarse de los ruegos de su amigo.
Durante la tarea, Fortunato suplica y grita hasta que se calla durante un tiempo. Luego, tal vez ya delirando, habla acerca de una broma, y Montresor continúa su labor, sin dejar de conversar. Finaliza su tarea y se marcha. Han transcurrido cincuenta años desde el suceso cuando Montresor hace su relato.
El relato de este cuento de terror:
Están presentes en el relato, elementos típicos de la novela gótica del siglo XVIII de la cual fue gran admirador el propio Poe.
La catacumba y los cuerpos que constituyen las cavas, son elementos típicos del romanticismo y contribuyen a crear el ambiente sórdido que preside a la muerte.
La oscuridad se apodera de todo dentro de las catacumbas, como símbolo de muerte, la muerte que se aproxima para Fortunato, y la muerte de cualquier resto de humanidad que pudiera restarle a Montresor, quien por su crueldad, bien podría representar al mismísimo diablo.
En resumen, Poe nos sumerge nuevamente en los complejos laberintos de la psique humana, obligándonos a ser cómplices de su relato mediante el recurso del narrador que se dirige directamente a nosotros. También nos implica con los vacíos en el relato, que nos obligan a intentar una posible solución, y a la vez nos dejan abierta la puerta a las interrogantes. Una puerta que no se cerrará tan fácil, pues siempre podemos volver a abordar los enigmas planteados a la luz de nuevas hipótesis.

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