Según una leyenda autóctona del Brasil, el Mapinguarí en una criatura terrible, con un rostro parecido al de los humanos, de 2m de altura, y con el cuerpo cubierto por un pelaje rojizo. Se desplaza tanteen dos patas como en cuatro.
Se cree que es invulnerable a las balas, que sus pies miran hacia atrás, y que posee una segunda boca en el estómago, por la cual expulsa un gas maloliente.
Otras versiones aseguran que posee un solo ojo, y garras enormes, y que ataca a los hombres para devorarlos.
Las supuestas apariciones del Mapinguarí, van acompañadas de un olor nauseabundo, y un enjambre de moscas, que se supone, lo sigue a todas partes.
De costumbres nocturnas, el Mapinguarí evita el agua, y se alimenta del corazón de las palmeras, las cuales abre con sus poderosas garras. Según los testigos, sus gritos son aterradores. También se lo conoce como capé-lobo, mão de pilão, juma. Y algunas leyendas lo emparentan con el legendario pé de garrafa (pie de botella).
Las investigaciones sobre el Mapinguarí:
En 1993, el ornitólogo norteamericano David Oren (Harvard), publicó un polémico artículo en una revista científica, donde sostenía que el Mapinguarí no era otra cosa que un perezoso gigante, sobreviviente de la extinción.
Oren trabaja desde hace tiempo en el estado brasileño de Pará, y ha realizado innumerables expediciones por las selvas del noreste, recolectando casi un centenar de testimonios de primera mano.
Su búsqueda comenzó en 1985, cuando un amigo le contó su experiencia con lo que Oren dedujo, era un perezoso gigante terrestre.
Oren afirma que las descripciones populares están cargadas de errores, por eso le atribuyen un solo ojo, y la bocas a la altura del abdomen. Afirma que la supuesta boca, no es sino una glándula similar a las de los zorrinos, que el animal emplearía como defensa. Y sobre el único ojo, cree que es mala observación de los testigos.
Los perezosos gigantes se extinguieron hace más de 10.000 años.
Los científicos suponen que podrían haberse replegado en territorios escondidos, donde permanecían a salvo de los cazadores humanos, y que por tanto pudieron sobrevivir algunos ejemplares.
Ya se trate de un perezoso, o de una simple leyenda, aún no se encuentran pruebas materiales que corroboren la existencia de la criatura misteriosa.